DESPIERTEN…!

VENEZUELA Y EL MUNDO, DESDE UNA PERSPECTIVA HOLÍSTICA QUE DESAFÍA LA MEDIÁTICA OFICIAL

“El juego de la muerte”: de cómo la TV es capaz de hacernos capaces de torturar a otros

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La televisión nos influye en nuestros hábitos de compra, en nuestro pensamiento político y en las decisiones que tomamos en el día a día. Pero además, tal y como han demostrado los científicos del documental “El juego de la muerte”, puede llegar hasta el extremo de hacernos torutrar a otra persona.

Lluis Llaquet

La influencia de la televisión en nuestro mundo es algo innegable. Es el medio de comunicación con más penetración según el EGM (Encuesta General de Medio), es decir que más gente consume. Prácticamente todo el mundo la ve a diario e incluso varias horas al día. Forma parte de nuestra vida cotidiana y se ha convertido en un “electrodoméstico” imprescindible en cualquier casa. Pero, ¿hasta qué punto pueden llegar a influenciarnos?

El Juego de la muerte” es un documental de la cadena cultural Arte en la que un grupo de científicos, imitando Stantley Milgram, profesor de la Universidad de Yale, hacen un experimento para comprobar hasta qué punto podemos llegar a someternos bajo alguien más poderoso que nosotros, en este caso la televisión. El experimento consiste en que se eligen casi un centenar de personas al azar y se les dice que van a participar en la prueba piloto de un programa de televisión según el cual un concursante tendrá que memorizar una serie de palabras y, si no las acierta, el otro deberá infligirle una descarga eléctrica cada vez mayor, hasta llegar incluso a 440w. Obviamente el supuesto concursante que recibe las descargas es un actor y no recibe tales descargas, simplemente simula que lo hace.

Lo curioso es que más del 80% de los concursantes, sometidos bajo el poder de la televisión y de la presentadora del programa, llegan hasta el final, sometiendo al otro concursante a supuestas descargas de 440w, a pesar de los gritos de dolor y de desesperación del actor.

Con que queda demostrado, según los científicos, que el poder de la caja tonta puede llegar a justificar la tortura de un ser humano infligida por otro ser humano sometido bajo su poder de convicción. Lo cual, según los investigadores que llevaron a cabo el experimento, demuestra que la autoridad que ejerce este medio sobre nosotros es mucho superior, por ejemplo, al que puede tener un científico, tal y como se observa al comparar los resultados con la primera investigación de Milgram, donde se justificaba la tortura bajo una supuesta razón científica y donde no se alcanzó ni mucho menos al porcentaje de gente que llega hasta el final con el experimento del reportaje.

En nuestra vida cotidiana

Quizás este sea un ejemplo muy extremo y seguramente en nuestra vida diaria la televisión no va a hacer que torturemos a las personas que están a nuestro alrededor. Pero, ¿hasta qué punto nos puede llegar a influenciar en nuestra vida diaria la televisión? ¿Influencia de igual modo en nuestras decisiones de compra, en nuestras ideas políticas o en nuestros comportamientos sociales?

Lo cierto es que sí. Cuando vemos un programa de televisión, damos por hecho que la realidad es tal y como nos la presentan. Por mucho que estemos viendo un programa de ficción, damos verosimilitud a los comportamientos, hábitos y forma de relacionarse que vemos en el televisor y los copiamos.

Tal influencia es ciertamente sorprendente pero real y puede hacer que cambien nuestros hábitos, nuestras creencias y nuestras decisiones de compra. ¿Cuántas veces llegamos a comprar un producto y no otro porque uno de ellos lo anuncian por la tele? ¿Acaso va a ser mejor que el anterior únicamente porque sale por la tele? No tiene por qué ser así. El otro producto puede ser igual de bueno o quizás mejor, pero es desconocido para nosotros. En cambio, el otro nos lo han recomendado por la televisión, el mismo lugar donde nos informan de lo que ocurre en el mundo y donde nos predicen si va hacer sol o va a llover. Si dicen la verdad en estos casos (al menos en principio), ¿por qué no lo van a hacer en el resto?

El poder de la televisión llega hasta tal punto de que puede llegar a normalizar pautas de conducta que hasta el momento podrían considerarse como poco apropiadas o incluso inmorales. Podría ser el caso, por ejemplo, de los homosexuales. Un colectivo que en nuestro país ha sido muy denostado, ridiculizado e incluso perseguido, pero que en pocos años ha conseguido normalizar su situación. En buena medida, quizás, gracias a la aparición sistemática de homosexuales en los programas de ficción de casi todas las cadenas. Hecho que ha permitido que en el imaginario colectivo se normalizaran y se naturalizaran este tipo de conductas, cambiando así, de forma radical, lo que la sociedad española creía de ellos.

También, como ya hemos dicho, tiene una gran influencia política. Tanto en la presentación de las noticias como en las tertulias o debates de televisión, las personas que parecen en nuestro televisor se ganan nuestra credibilidad y, cantidad de veces, asumimos sus postulados como válidos e, incluso, como mayoritarios en nuestra sociedad. Sin que tengan que por qué ser ni ciertos ni mayoritarios.

Otras veces, el simple hecho de que algo es dicho por televisión, toma el estatus de algo cierto, de algo científicamente probado, sin necesidad de que un científico lo haya testado. Si algo “lo han dicho por la tele”, es verdad, no cabe discusión al respecto, toma la misma verosimilitud que los resultados de un estudio de Harvard.

Quizás nos podríamos preguntar si la televisión tiene toda esta influencia únicamente por el hecho de ser un medio de comunicación. Bien es cierto que tienen la misma o parecida credibilidad los periódicos, la radio, y aún en mayor medida, los libros. Aun así, hay que tener en cuenta que la televisión llega a mucha más gente, al menos en nuestro país. Y eso la hace más poderosa que el resto de medios de comunicación de masas, al menos casi tanto como Internet, un medio quizás más potente hoy en día, pero que, al estar elaborado literalmente por cualquiera, no tiene tanta credibilidad.

Ya lo demostró Jordi Évole con la Operación Palace, el falso documental sobre el 23-F. Es muy fácil que nos embauquen por muy irreal que pueda llegar a ser la historia que nos cuenten si es mínimamente factible y , sobre todo, si tiene el sello de credibilidad que los focos y las cámaras conceden a todo lo que iluminan y graban.

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Esta entrada fue publicada en 11/10/2014 por en Corrompe y domina, Entérate y etiquetada con , .

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