DESPIERTEN…!

VENEZUELA Y EL MUNDO, DESDE UNA PERSPECTIVA HOLÍSTICA QUE DESAFÍA LA MEDIÁTICA OFICIAL

EL FÚTBOL COMO HERRAMIENTA POLÍTICA DE LA GRAN BURGUESÍA


Si el fútbol transformado en mercancía ya es nocivo para el pueblo, el fútbol como elemento enajenador sólo viene a reforzar las políticas de explotación y miseria. Con lo cual este deporte deja de ser tal para transformarse en un verdadero circo romano, donde las masas canalizan sus frustraciones no contra sus verdugos sino en contra de los hinchas del equipo rival.


Los triunfos de la selección nacional o un club con gran cantidad de seguidores, son utilizados por los gobiernos burgueses con la pretensión de incrementar la explotación y la producción.



Este criterio de utilizar el fútbol profesional como herramienta política para incrementar la explotación a las masas es el mismo que ocupan los gobiernos burgueses en la actualidad en todo el mundo para implantar con más fuerza sus políticas anti-populares y al mismo tiempo presentar al gobierno como promotor de triunfos y unidad de todo un país. Veamos a continuación algunos casos que grafican bastante bien esta situación:

1.- Fútbol y golpes fascistas

En 1973, la facción compradora de la gran burguesía se hacía del control del Estado, poniendo en el gobierno a la Junta Militar Fascista (JMF) de Chile mediante un golpe de Estado financiado directamente por el imperialismo yanqui.
De un momento a otro las Fuerzas Armadas (que Allende llamaba “el pueblo con uniforme”) copó todas las calles, centros de producción, instituciones educacionales y poblaciones de Chile para detener cualquier intento de oposición y acallarlo con el asesinato, la tortura y la desaparición.


Por ese entonces el fútbol chileno, aunque recién empezaba a profesionalizarse, ya tenía una gran cantidad de seguidores: se practicaba en todos los rincones del país y los partidos entre equipos profesionales se jugaban a estadio lleno. El gobierno de la JMF no tardó en percatarse que controlando y promoviendo este deporte podría granjearse el apoyo de parte importante de la población.


Mientras recintos deportivos como el Estadio Nacional fueron convertidos en centros de detención, tortura y asesinato. La prensa oficialista presentaba a Pinochet como un promotor del desarrollo del individuo y de la nación mediante la promoción del deporte.


En Argentina la cuestión no era tan diferente. El Mundial jugado en ese país en 1978 fue utilizado para limpiar la imagen del gobierno fascista encabezado (desde 1976) por el general Videla. El Papa enviaba sus bendiciones al acto de inauguración; el dirigente de la FIFA J. Havelange sostenía que: “Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina”. Por su parte, Henry Kissinger, invitado especial, declaraba: “Este país tiene un gran futuro a todo nivel”.



Mientras se inauguraba el torneo mundial en el Monumental de River Plate, a sólo unos pasos se encontraban ESMA, la central de los centros clandestinos de detención y tortura. El que la selección argentina se coronara campeón ante su similar de Holanda (3-1), luego de haber goleado sospechosamente a la selección de Perú (6-0), fue utilizado como un elemento de propaganda a favor de la JMF argentina, al tiempo que se tapaban todas las denuncias de detenciones, torturas y asesinatos.

Tanto en Chile como en Argentina las JMFs aplicaron la misma receta: utilizar el fútbol como cortina de humo para ocultar la situación de opresión en que era sumido el pueblo.

No importaba si -como en el caso chileno- no existía ningún triunfo deportivo a nivel internacional. De todas maneras, todo lo que se hiciera se presentaría como una victoria y de paso se pondría a los gobernantes como artífices de los triunfos alcanzados por los deportistas. Esto iba acompañado por la propaganda que buscaba identificar a los gobernantes con las selecciones nacionales, resaltar ideas nacionalistas y de menosprecio a los pueblos de otros países (chovinismo). En síntesis la propaganda se reducía a: llevar a las masas a despreocuparse de los problemas políticos y luchar por la unidad de la nación (unidad bajo las botas fascistas).

Pinochet, por ejemplo, utilizó para estos fines la selección chilena de fútbol de 1982 (dirigida por Santibáñez). A su llegada a Chile, luego de participar en el mundial de España, los jugadores pasaron por el palacio presidencial para fotografiarse con el general golpista. Los penosos resultados obtenidos por la selección nacional en España fueron, sin embargo, mostrados como toda una proeza, como una manifestación y prueba palpable del desarrollo del país. No es casual que toda esta maquinaria propagandística irrumpiera con fuerza en 1982, año en que Chile atravesaba por una gran crisis económica, que al igual que la actual, se descargaba sobre las espaldas del pueblo. Aún así, el gobierno de la JMF no logró evitar que, a los pocos meses (1983), las masas expresaran su descontento en una gran ola de protestas, las que marcaron el inicio de la gran movilización de masas de los años 80.

A finales de los 80 Pinochet movía sus piezas y ponía en la dirección de los clubes con más arrastre popular a personajes de su entera confianza: En Colo Colo la dirección quedaba en manos de la dupla Dragicevic-Menichetti y la Universidad de Chile sería controlada por Waldo Greene. Todos conocidos como fascistas declarados y famosos por actividades de corrupción y robo en los clubes que dirigían.

Para el plebiscito del Si y el No, Pinochet (que ya figuraba como “socio honorario” de Colo Colo) no dudó en utilizar el fútbol profesional como palanca para lograr sus objetivos políticos. Los hechos más significativos fueron el ofrecimiento a Colo Colo de 300 millones de pesos, (que nunca fueron entregados), para terminar la construcción del Estadio Monumental y las presiones ejercidas sobre el equipo de la Universidad de Chile para que saliera con una bandera del Si al centro de la cancha.

2.- La prensa reaccionaria en los años de la Concertación

Corría el año 90 y los problemas de las masas seguían sin resolverse. Todas las ilusiones de la salida democrática se disolvían y los votantes veían que si bien Pinochet salía del gobierno, esto no significaba ningún cambio en sus condiciones de explotación. Los sueños de un Chile libre quedaban finalmente sepultados.

Ese mismo año se encontraron en Pisagua una serie de osamentas de presos políticos que habían sido torturados y asesinados durante el gobierno de la JMF. Ese hecho sería conocido como el de las “Osamentas de Pisagua”. Los medios de información de la gran burguesía sólo hicieron una breve cobertura a la noticia. Mucho más tiempo dedicaban los noticiarios a cubrir los pormenores del mundial de fútbol de Italia 90. Esto provocó la indignación de muchas personas que se convocaron en una concentración en el centro de Santiago y comenzaron a marchar gritando: “¡Italia 90, en Chile hay osamentas!”. Dejando claro como los medios de la burguesía se valían de las noticias futboleras para ocultar lo que estaba sucediendo en Chile.

No pasaría mucho tiempo y Colo Colo se coronaba campeón de la Copa Libertadores (1991). Los medios burgueses ya no hablaban de otra cosa y las noticias del fútbol eran utilizadas nuevamente con la finalidad de enajenar a las masas populares. Sin embargo, el gobierno no pudo evitar que una parte importante de la juventud transformara la celebración en protesta, y el trayecto hacia Plaza Italia fuera acompañado con el enfrentamiento contra la policía y con el saqueo de locales comerciales de propiedad de la gran burguesía.


Para 1998, en pleno gobierno de Eduardo Frei, el pueblo de Chile sufría los efectos de la crisis financiera que tenía su epicentro en Asia. La subida en los precios de los alimentos, el aumento en los aranceles universitarios y la amenaza de perder el trabajo, golpeaban fuertemente a las masas de Chile. Y nuevamente el gobierno se valdría de la prensa burguesa, para extender su cortina de humo. Esta vez se bombardeaba al pueblo a dos bandas: por una parte se hablaba hasta la saciedad de la “gran hazaña” de Marcelo Ríos, al coronarse “nº 1” y por otro lado no se paraba de alabar la “gesta” de la selección nacional de fútbol, que había clasificado al mundial de Francia 98 (por diferencia de goles).

Pero las noticias del fútbol no lograron provocar en el pueblo la enajenación que el gobierno esperaba. Al contrario, 1998 fue un año de constantes movilizaciones y protestas de estudiantes universitarios y de un repunte en la lucha del pueblo mapuche, que alcanza altos niveles de radicalización.

Pasaría más de una década para que la selección chilena participara en un mundial del fútbol. El año 2007, ahora con la sub-20 se alcanzaba el tercer lugar en el torneo de Canadá.

Los jugadores fueron levantados por la prensa hasta la categoría de ídolos. Esto fue aprovechado por el gobierno, que hizo rápidas gestiones para recibir a los futbolistas en el palacio presidencial y desde ahí poner a Bachelet posando para las fotografías junto a los futbolistas. Todo esto en un contexto donde las protestas contra el gobierno y sus planes de transporte se masificaban y agudizaban.

3.- El papel de las barras bravas

A finales de los 80 y principio de los 90 los equipos profesionales del fútbol chileno ya contaban entre su afición con las denominadas barras bravas. Las que surgen en un contexto donde las políticas juveniles de la Secretaría Nacional de la Juventud -organismo de la JMF- fracasan rotundamente y no logran su objetivo de disminuir la participación juvenil en las protestas populares. La mayoría de quienes componen las barras bravas son jóvenes de extracción popular, descontentos con el gobierno de turno. En ocasiones se podía ver cierta tendencia hacia la politización de estos sectores, lo que significó un problema para el gobierno de Aylwin y para los viejos colaboradores de la JMF que se encontraban en la dirección de los equipos profesionales, quienes no dudaron en tomar medidas al respecto.

A principio de los 90, había quienes al interior de la barra de Colo Colo (Garra Blanca), sostenían que Menichetti había infiltrado un importante grupo de ex CNI para frenar cualquier intento de politización. Por su parte, los líderes de la barra de Universidad de Chile (Los de Abajo) financiaban sus actividades con recursos económicos entregados por los miembros de Renovación Nacional: Alberto Espina y Pedro Sabat. Durante ese mismo período, tanto desde el gobierno como de la directiva de los clubes, se comenzó a insistir sobre la necesidad de empadronar a las barras. Los empadronamientos consistían en un fichaje de cada uno de los integrantes de cada hinchada; datos que manejaría directamente la policía. El empadronamiento era sólo una parte, que según el gobierno y las directivas de los clubes, debía ir acompañada por una ley contra la violencia en los estadios, que garantizara “el control y la seguridad, tanto dentro como fuera del estadio”.

Por esos años hubo organizaciones que intentaron realizar algún trabajo de agitación y propaganda contra el gobierno de Frei al interior de las barras. Sin embargo tales iniciativas resultaron estériles, por el estado de adormecimiento general que había en esos años en Chile. Finalmente, estos sectores fueron reducidos a la nada al interior de las barras y las dirigencias de las hinchadas quedaron en manos de los sectores más mafiosos al servicio de la gran burguesía. Esto explica el carácter de clase de las barras bravas en Chile y de su práctica, como veremos a continuación.

Respecto a la propaganda que las barras bravas llevan a cabo, es evidente que su despliegue es bastante grande y coordinado. Se ve mucho trabajo en la confección de lienzos y en los murales en las distintas poblaciones. Esto demuestra que al interior de las barras hay muchos jóvenes bastante activos, que despliegan su creatividad, tiempo y recursos para llevar adelante sus objetivos, sin embargo, esa misma iniciativa está dirigida a objetivos ajenos a la lucha revolucionaria.

Aunque en las barras bravas se reúne una buena cantidad de jóvenes pobres, estos espacios no han contribuido a la organización y la lucha popular revolucionaria. Por ejemplo, los enfrentamientos que, en ocasiones, se dan con la policía no tienen como objetivo el atizar la lucha de clases. Por otra parte las acciones de violencia que han ejercido estos grupos no tienen una orientación política revolucionaria, sino que están en función de enfrentar a las barras rivales (masas contra masas). Ponen el acento en la pertenencia al equipo, olvidando que hinchas de un mismo club pertenecen a clases sociales antagónicas, como así mismo, hinchas de diferentes equipos pertenecen a una misma clase social.

Si bien es cierto que de un tiempo a esta parte algunos grupos al interior de las barras bravas han venido participando en marchas y protestas, su presencia en estas actividades no es muy diferente a lo que se da al interior de los estadios: gritando consignas futboleras, consumiendo drogas y bebiendo alcohol. Sobre algunas iniciativas como la Escuela Libre de Los de Abajo y la Plataforma de Trabajo Social de la Garra Blanca, debemos decir que no han pasado de ser instancias asistencialistas que funcionan como pequeñas ONGs, que en ningún caso contribuyen a combatir a este viejo Estado.

4.- Trabajando para la policía

El 31 mayo del 2006 el jefe de las “Fuerzas Especiales de carabineros”, Osvaldo Jara, es removido de sus funciones luego de dirigir instrucciones de represión indiscriminada contra estudiantes secundarios movilizados y los periodistas que reporteaban las protestas estudiantiles.

El 8 de abril Jara declaraba a “La Tercera”: “No me arrepiento de ninguna de las órdenes que di […] Uno sabe que la responsabilidad es compartida y, por eso, es importante que lo asuman también otros estamentos”. Con lo que dejaba claro que el gobierno tomaba esta medida debido a las presiones de todo un pueblo que apoyaba las movilizaciones. Pero que, sin embargo, él cumplía las órdenes emanadas por el gobierno de Bachelet.

Al poco tiempo (10 de noviembre del 2006) “Blanco y Negro” contrata a este sujeto para que asuma la subgerencia de “Operaciones y Seguridad” de Colo Colo. En una entrevista a “El Mercurio” del 1 de marzo del 2007, Jara reconoció que ha trabajado codo a codo con el líder de la “Garra Blanca”, Francisco Muñoz Carrasco (Pancho Malo) y haberse relacionado con el líder de “Los Cruzados” Javier Ureta (Spiry) y con el jefe de la barra de “Los de Abajo” Gonzalo Carrera (Beto). Lo que no nos dijo el perro Jara es que Pancho Malo es un conocido militante fascista y ex miembro de la “Fundación Pinochet” que tanto el Spiry como Beto son conocidos por dirigir grupos de lumpen-brigadistas en las campañas electorales de la UDI.


Estos mismos personajes que incitan a los jóvenes hinchas a que se enfrenten entre ellos en defensa de “los colores de la camiseta”, no tienen problemas, sin embargo, para juntarse a la hora de coordinar propaganda electorera, enseñar canciones y gritos a los miembros de la Alianza, como tampoco tuvieron problemas para ir juntos a los funerales de Pinochet.

Mientras los miembros de las hinchadas, literalmente, viven y mueren por su equipo, los líderes de las barras se coordinan para hacer su trabajo contrarrevolucionario de la mano con la policía y financiados por los partidos burgueses. E incluso aquellos que posan de “revolucionarios”, como “Anarkía”, de Los de Abajo, no han tenido problemas a la hora de trabajar con Pedro Sabat en la municipalidad de Nuñoa y luego con el reformismo, formando parte del “Juntos Podemos”.

Fuente: Periódico “Nueva democracia”, Nª 28 (Mayo del 2009)

Ver noticia.

 

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2 comentarios el “EL FÚTBOL COMO HERRAMIENTA POLÍTICA DE LA GRAN BURGUESÍA

  1. marcela
    16/06/2014

    Totalmente cierto!! Divide y reinaras!

  2. imatacacuyuni2019
    16/06/2014

    Reblogueó esto en OTRAVOSS.

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Esta entrada fue publicada en 16/06/2014 por en Entérate, Humanidad engañada y etiquetada con , .

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