DESPIERTEN…!

VENEZUELA Y EL MUNDO, DESDE UNA PERSPECTIVA HOLÍSTICA QUE DESAFÍA LA MEDIÁTICA OFICIAL

Herejías del catolicismo actual, de José Ignacio González Faus

La palabra «herejía» tiene muchos significados: no es simplemente la negación de una verdad de fe, sino que puede 170x300xHerejias-del-catolicismo-actualsignificar diversidad de opiniones y, en este sentido, san Pablo la considera positiva. Pero puede aludir también a un desenfoque inconsciente en la comprensión de una verdad de fe que, a la larga, acabaría desfigurándola. Es en este sentido de herejía «latente» como es usada en este libro: porque esos desenfoques inconscientes pueden crecer con el paso del tiempo y la acumulación del polvo de la historia, llegando a desfigurar el cristianismo.

Esta obra analiza diez de esos virus ocultos (en la concepción de la encarnación y la explicación de la cruz, en el sentido de la eucaristía, en el tema de los pobres y de los ricos, la papolatría o el olvido del Espíritu Santo…). No se trata de denuncias ni de acusaciones sino de mostrar comprensivamente cómo, en el devenir de los años y a lo largo de la historia, esos temas han sufrido erosiones y desvíos de comprensión que pueden acabar convirtiéndolos en auténticas deformaciones de la fe cristiana. Se intenta así un pequeño tratado sobre la identidad cristiana, en negativo, que el autor quisiera reformular más adelante en positivo, elaborando con los elementos aquí recuperados un breve comentario a la «profesión de fe» o Credo católico.

Dice el autor:

Este 2013 cumpliré los ochenta. La cifra da cierto vértigo. Aunque en Herejías del catolicismo actual digo que me gustaría seguirlo con un comentario al Credo, no sé si esto será posible. Por eso anticipo mi credo personal:

1. Desde hace ya casi medio siglo, el tema de la fe se enmarca para mí en estas dos frases, una de un cristiano y otra de un no creyente. La primera es la profecía de Emmanuel Mounier: en el futuro los hombres no se dividirán según crean o no en Dios, sino según la postura que tomen ante los pobres. La otra es la estrofa impactante de Atahualpa Yupanki: «hay cosas en este mundo más importantes que Dios: que un hombre no escupa sangre para que otros vivan mejor», a la que he visto siempre como un buen resumen del modo como Dios se reveló en Jesucristo (hay cosas en este mundo más importantes que yo…).

2. Esta visión de la fe se estructura en dos líneas maestras del Nuevo Testamento.

2.1. La primera, en positivo, es el repetido mandamiento del amor fraterno que no solo atraviesa el texto bíblico sino que está presente en casi todas las religiones, aunque en el Nuevo Testamento adquiere una melodía particular: es un viejo mandamiento que se convierte en «nuevo» porque resume e interpreta todos los demás mandamientos. Y es un mandamiento explícitamente universal: de modo que no se trata sólo de amar a «mis» hermanos sino de que todos los seres humanos son hermanos míos: el adjetivo «fraterno» no limita sino que amplía el mandamiento del amor. El «prójimo» no es el cercano a ti sino aquel a quien tú debes aproximarte, dice Jesús en una parábola.

2.2. Y en negativo, la visión del dinero como el gran enemigo de Dios. Visión que atraviesa los evangelios («no podéis servir a Dios y al dinero»), los textos paulinos («la codicia es idolatría» y «la raíz de todos los males es la pasión por el dinero») y los joánicos («si alguien tiene bienes de la tierra y ve a su hermano pasar necesidad y no le socorre, el amor de Dios no está con él»).

3. Este doble resumen de mi fe (mejor que de resumen, hablaría de «corazón» porque la realidad humana abarca otros muchos aspectos) tiene hoy, a veinte siglos de distancia del mundo de Jesús, un imprescindible componente estructural (no solo personal), que no cabe desconocer. Si desde aquí miro hoy a nuestro mundo, podría escribir otro Manifiesto que comenzara: «Un fantasma recorre el mundo». Pero ahora, dicho en serio (y no irónicamente como en el Manifiesto del siglo XIX), ese fantasma, esa gran amenaza no es el comunismo sino el sistema capitalista. Por más que se lo enmascare con bellas palabras de libertad o progreso, el corazón de ese sistema no es más que la riqueza y el poder: la riqueza que da el poder y el poder que da la riqueza. Es un sistema antifraterno cuyas células madre tienden a configurar un mundo donde unos pocos (cada vez más pocos) dominan a la mayoría. Y la hora que vive hoy nuestro mundo es aquella en que está cuajando y tomando cuerpo esa tendencia.

Esa tendencia estuvo detenida en años anteriores por dos factores históricos: el socialismo de la Unión Soviética que, aun con todos sus desastres, asustó al capitalismo y le forzó a hacer algunas concesiones, y el socialismo de la llamada «socialdemocracia» que trató de buscar una vía media entre los otros dos extremos. La caída del pseudoimperio soviético puso fin a ese equilibrio inestable y desató la dinámica totalitaria del capitalismo, permitiéndole mostrar su verdadero rostro. No importa que la gente sencilla pregunte: ¿para qué quieren tanto dinero?, ¿para qué querrá alguien tener treinta y seis mil millones de litros de agua si no podrá bebérselos en toda su vida?… Por elemental que parezca ese tipo de preguntas, es incomprensible para los narcotizados por el dios Mamón.

Desde aquí me parece que nuestra hora histórica marca una tendencia casi imparable, no a «desarrollar al Tercer Mundo» como se decía antes, sino a «tercermundizar» al mundo desarrollado. Hace pocos años comenzamos a hablar ya de «cuarto mundo» (los enclaves de miseria en medio del primero), pero esa expresión se nos va quedando corta y se quedará mucho más corta cuando pase la crisis económica y, como un huracán del Caribe, deje destruida más de la mitad del estado social que creíamos haber montado. El mundo quedará reducido a un uno o dos por cien de la humanidad, inmensamente rico (aunque lleno de luchas internas por derribar al otro), y una gran mayoría humana sometida a una dictadura camuflada de grandes palabras (civilización, progreso, desarrollo, libertad…) que se utilizarán como justificación de la crueldad de esa tiranía. No será improbable que algún día esa mayoría estalle en explosión incontrolable, pero tampoco será fácil porque siempre está ese colchón amortiguador de quienes no pertenecen ni a la minoría de los canallas ni a la mayoría de los infrahumanos, de esos que fueron llamados «el segundo tercio» y que son los que más temen perder su posición cayendo en el abismo de los miserables. Ellos, sin querer, pueden actuar como pararrayos de una revolución desesperada y loca. Y además, los tiranos han dispuesto siempre del antiguo recurso defensivo (panem et circenses: pan y circo) que hoy podríamos traducir como «Ipad y circo».

4. Pero no se trata de hacer profecías. La última conclusión de estas reflexiones es que, si el dinero es el mayor ídolo enemigo del hombre, lo es porque es el mayor enemigo del Dios que reveló Jesús. Igual que capitalismo y democracia son a la larga incompatibles, también lo son capitalismo y fe cristiana. Las iglesias que se preguntan hoy por la descristianización de Occidente no acaban de percibir esto porque ellas mismas han sido cómplices de ese proceso en sus organismos directivos. Los ateos que perdieron la fe tampoco perciben que sea debido a ese proceso del que ellos son solo pequeñas gotas de agua de un tsunami epocal. De este modo, lo que vaya quedando de cristianismo en Occidente será solo un cristianismo no cristiano: fundamentalista en lo dogmático y servidor del dinero en lo moral. Un cristianismo anunciado ya en tantas sectas norteamericanas que son como primeras nubes de la tormenta que acabará viniendo.

5. Al terminar no me queda más que evocar la frase de Ignacio Ellacuria en la manera como yo suelo reformularla: «una civilización de la sobriedad compartida» (Ellacu decía una civilización de la pobreza) es la única oferta de vida que le queda a nuestro mundo. Para creyentes y para no creyentes. Si no nos la tomamos muy en serio, quizá será el momento de leer esos capítulos que cierran los evangelios cambiando todo el discurso anterior de Jesús ( Marcos 13 o Mateo 24), y empezar a comprender que ni este mundo tiene futuro, ni Dios puede tener sitio en un mundo como este.

Ver noticia original.

MARCOS 13 Y MATEO 24: Dicen palabras más palabras menos, lo mismo:

 1 Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2 Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

 

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2 comentarios el “Herejías del catolicismo actual, de José Ignacio González Faus

  1. superduque777
    08/04/2013

    A lo largo de la historia se han cometido innumerables crímenes en el nombre de dios, cualquiera sea la forma en que éste sea concebido. Mejor dicho, con el pretexto de actuar en el nombre de dios, se han cometido las peores atrocidades de la historia.

    Una de ellas ocurrió la noche del 24 de agosto de 1572, cuando miles de protestantes fueron asesinados a manos de católicos en París, en un hecho conocido como la Matanza de San Bartolomé.

    Históricamente, el hecho fue que los protestantes fueron asesinados por órdenes del rey Carlos IX, quien en realidad era el pelele de su madre, Catalina de Medicis.

    Alejandro Dumás, en su novela “La Reina Margot”, referida a ese hecho, muestra a un rey débil, cobarde, inconsistente e incapaz de ejercer su autoridad, frente a una madre controladora y vengativa, que a su vez manipulaba a su antojo al círculo rojo del rey.

    Más allá de la novela –magistralmente llevada al cine bajo la dirección de Patrice Chéreu– el hecho histórico demuestra cómo una diferencia religiosa, puede desencadenar en una catástrofe, cuando alguien piensa que dios debe hablar para dirimir un asunto.

    En realidad, el conflicto entre protestantes y católicos no es la fe en dios, pues ambos creen en el mismo dios, con iguales atributos y parecida historia. El verdadero dilema, es que los protestantes se asumen con más dignidad humana y adoptan una fe, digamos, más racional y enfrentan la corrupta iglesia católica, instaurando nuevas formas para realizar los ritos y, sobre todo, para la conducta de las jerarquías.

    En una palabra, se trata de un problema de poder, más que de fe.

    Y es ahí cuando, de manera maliciosa y corrupta, quienes defienden unos intereses, se aprovechan verdaderamente de la fe de las personas y las instan a actuar, supuestamente, en el nombre de dios, pero de una manera animal.

    La Matanza de San Bartolomé, en 1572, exigió auténticas hordas de asesinos “peinando” las calles de París sistemáticamente, pues los muertos se contaron por miles en una sola noche.

    Nadie en su sano juicio hubiese salido a las calles a asesinar gente indiscriminadamente, sobre todo con armas punzocortantes, a no ser porque se les enajenó a través de una fuerza mucho más intensa que la razón (la fe), pero manejada de manera desvirtuada.

    Ninguna de las tres mayores religiones monoteistas del mundo (católica, judía y musulmana), considera siquiera la posibilidad de que los humanos actúen en nombre de dios en ningún momento. Más aún, por lo menos la religión católica señala en numerosas ocasiones, que dios es todopoderoso, lo cual, en lógica formal, elimina de entrada la necesidad de que nadie actúe en su nombre.

    Pero enardecidos por el engaño de los poderosos, los creyentes son capaces de actuar de manera brutal, e irracional, como ocurrió en aquella noche fatídica en París, en el siglo XVI, pero como hemos visto también miles de ejemplos en casi todos los siglos y países imaginables. (Por ejemplo, Canoa, en Puebla, a principios de los años 70 del siglo pasado).

    Conozco a un periodista palestino, muy callado y analítico, a quien un día le preguntaron su opinión sobre el conflicto religioso entre judíos y árabes.

    Su respuesta no pudo ser más ilustrativa: “nuestro problema no es con los judíos; es con los sionistas”. Es decir, no es un problema de fe, sino de poder y de expansionismo, al que se ha revestido deliberada, falsa e injustamente, de un ropaje religioso para hacerlo más “creíble”.

    Es decir, una vez más, el abuso respecto al nombre y “deseos” de dios, interpretado al antojo de los poderosos en turno, para “justificar” las más feroces y animales atrocidades.

    No opio sino veneno.

    ..Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas.- Revelación 18:4

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Esta entrada fue publicada en 08/04/2013 por en Entérate, Manipulación Religiosa y etiquetada con , .

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