Vengaron con sangre la muerte del niño de Guanare, pero la solución nos la dió Andrés Eloy Blanco

Publicado en 16/12/2011 por

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Andrés Eloy Blanco, poeta venezolano

A esta hora, ya están rodando por internet y por celulares, las fotografías del asesinato en la cárcel de los que torturaron y asesinaron al niño de Guanare. Aparentemente, ya asesinaron a dos de los involucrados y a los otros dicen estarlos esperando. Obviamente, les dieron la peor de las muertes. Creen estar haciendo justicia.

No dudo que todo el horror que hicieron se les está devolviendo, porque es una realidad incluso física que está comprobando la ciencia: creamos nuestra realidad con los pensamientos y acciones. La física cuántica muestra que lo más denso que impulsamos en la realidad son nuestros pensamientos. Pues, los asesinos del niño de Guanare, estaban llenos de podridos pensamientos, crearon su realidad.

¿Qué podemos hacer nosotros para que esto no se repita? Yo no quiero ver a los convictos de mi país convertidos en carniceros, sé muy bien que hay gente inocente allí dentro: jóvenes sin oportunidades. Les propongo una contribución real:

1. Tomemos consciencia de este cáncer. Si todos, defendiéramos a todos los niños, con toda certeza ganaremos un buen terreno de los engendros pederastas. Créele a los niños que denuncian, invítalos a hablar. Duda siempre, aunque esté hablando de un familiar tuyo. Proteja cada uno a todo niño que pueda estar aunque sea cinco minutos bajo su vista, crea un ambiente de amor y prevención, en el parque, en la piscina, en la escuela.

Toma consciencia de que es un problema mundial, está inmerso el policía, el juez, el sacerdote, el herrero, el viejo que vive solo en la esquina. Son una red y son individuos. Son minoría, pero están en todas partes. Para atacar un problema debes tomar consciencia de que tienes el problema enfrente.

2. Si somos seres humanos conscientes, sabemos que nadie debe descender para convertirse en instrumento de sus bajos instintos. Si eso fue lo que provocó el primer asesinato ¿voy a convertirme en algo igual, a lo que me asquea?

La luna o está menguando o está creciendo. Los opuestos no conviven en un mismo sitio. La abominación se combate con ética y sólo con ética. Si detestamos ese instinto bestial que ha aparecido en algunos seres humanos, pues convertirnos en los mismo, es igualarnos a ellos. La mejor manera de combatir la abominacion es ser cada día más éticos, más humanos y más vigilantes de la próximas generaciones.

3. La consciencia de que no sólo somos individuo: somos colectivo. Mucho de lo que ocurre, ocurre por la indiferencia y por esa detestable manera de vivir, en la que sólo mi hijo importa o sólo los mios importan. “Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo” como dijo Andrés Eloy Blanco.

Estamos inmersos, somos parte de… por lo tanto, el poema completo de Andrés Eloy Blanco es la cura para sembrar una sociedad sana. No sólo lo lean. Internalícenlo…

Los Hijos Infinitos
 
Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.
Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.
 
Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.
 
Andres Eloy Blanco.

No se puede resolver un problema, desde el mismo nivel de conciencia que lo creó

Albert Einstein

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